No es posible que se adiestre un soldado para la lucha, para la defensa de su patria, se le entregue un arma y se le diga; "De aquí en más, arreglate como puedas"
Dichas palabras nunca fueron expresadas, pero los hechos demostraron que esa fue la consigna que recibieron nuestros soldados.
Cinco y medio años de cautiverio y soledad no tienen ningún justificativo. Nos vanagloriamos de nuestra potencia militar, de nuestros excelentes y sofisticados elementos para contrarrestar todo tipo de ataques a nuestro país, etc, etc.
No obstante, no supimos encontrar el paradero de nuestro Guilad Shalit, atrapado dentro de territorio israelí (¿?) mientras que, con su cuerpo y el de sus compañeros, cumplía las ordenes recibidas de sus superiores: cuidar y defender parte de la frontera.
La pregunta obligada: ¿Cómo ello fue posible? Escasos kilómetros lo separaban de su país, de su casa, de su familia; y mientras las horas pasaban, los meses se cambiaban y los años se sumaban. Y él, encerrado, quién sabe cómo.
Muchos se preguntan: ¿Cuánto vale la vida de un soldado?
Yo pregunto; ¿Es que la vida de un hombre tiene precio?
Sangrientas y dolorosas circunstancias obligaron a encarcelar a miles de criminales extremistas de distintas bandas árabes, que ocasionaron cientos de víctimas entre la población israelí, y que, a consecuencia del tan anhelado acuerdo pactado quedarían en libertad para así permitir a Guilad salir de su cautiverio y volver a casa.
Unos escasos días lo separan de su libertad, un pueblo entero aguarda su retorno.
Coloquemos la bandera en el frente de nuestras casas, para que flamee con orgullo y alegría:

¡¡¡¡GUILAD VUELVE A CASA!!!!
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beto brom